viernes, 14 de diciembre de 2012

Las preguntas


Las preguntas traen
Y ponen en el tapete
Las preguntas llevan
Las respuestas hieren
Los amantes caen
Las preguntas crecen
Los amigos se pelean
Y los padres mueren

¿Será que ellos tienen razón?
Que para todo hay un comienzo
Como en el amor
¿será que tienen razón?
Condenando todo esto
A poco menos que estos versos
O a lo que dure esta canción

¿Cuán rápido se puede ir?
-Esto es lo más rápido que se ha visto
¿Qué cosas contemplan significaciones ocultas?
-Bueno, ¿qué cosas no?
Veremos si existe el destino
y tendremos que pensar en alquimias
y caminos alternativos
para llegar a la razón
o encontrar algún motivo.
algo que explique algo
algo que tenga sentido
detrás de la conciencia
o en el fondo del abismo

quizás sea la experiencia
lo que nos haga distintos
o tal vez sean las proezas
en época de guerra
los héroes del mundo
y esos estereotipos
que se redimen en la vida
con valientes altruismos
se apoyan en la pena
y eternos sacrificios

¿cómo encontraremos realidad
embobados con el histrionismo?
vivimos a cuenta de la culpa
porque nos prometen paraíso
y es tan triste que te culpes por todo lo vivido
pero te prometo que esto no es todo
hay mucho más que el “9 a 5”

estirate un poco que te ayudo a subir
trepémonos a la lona
liberemos los sentidos
seamos algo juntos
no existe el paraíso
mas que adentro tuyo
seamos todo lo que necesite este mundo
para sobrevivir
a la terrible enfermedad
del humano profundo

y a fin de cuentas
esto tampoco es respuesta
tampoco es solución
pero sí es respiro
es descanso de la desesperación
ojalá haya ayudado
a quitarnos presión
o a compartir otro momento
un momento de dolor
para que sepas que te entiendo
porque he estado ahí
de hecho te entiendo porque ESTOY ahí
si a veces parece que nunca estuve en otro lugar

pero este es el momento
para cambiar y mudar
te llamo a mi encuentro
te invito a cruzar
seamos amigos
viajemos en paz




(A la diosa de los chocolates, en otro día de amistad)
14 de diciembre de 2012, Buenos Aires.



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jueves, 20 de septiembre de 2012

La guerra del millón de años

Teníamos maneras tan intrincadas de comunicarnos y reunirnos que era prácticamente imposible que alguien pudiera seguirnos el rastro o saber dónde estaba nuestra casa madre. Sin embargo, estábamos en todos lados. Nos aparecíamos de la nada atacando en grupo y era difícil librarse de alguien como nosotros.
Ellos no sabían nada sobre estos códigos. Supongo que los imbéciles esperaban que un día cayéramos solos frente a sus narices. Bueno, definitivamente, eso no iba a suceder. Comenzó una sangrienta batalla que no terminaría jamás.
Lo intentaron todo; desde redes rígidas enormes con las que nos enfrentaban si nos encontraban (que más adelante electrificaron), a gases tóxicos disparados desde enormes cisternas cilíndricas que paralizaban al instante al mejor de nuestros soldados. También solían contaminar nuestra comida con una sustancia tan repugnante y lacrimógena que causó la muerte por inanición de millones de hermanos.
Nosotros no desistíamos, por supuesto, y atacábamos todo lo que más querían; sus hijos, esposos o esposas, e incluso a sus progenitores. Y lo hacíamos en el momento en que menos se lo esperaban: la noche. Éramos como ninjas, y aunque no me enorgullece decirlo, hemos arrasado con familias enteras en misiones estratégicas llevadas a cabo en cuestión de minutos. También los sorprendíamos en celebraciones que mantenían en secreto cuando comenzaba a oscurecer. Pero luego ingeniaron un cerco de poder masivo conformado por un complejo sistema de maderos larguísimos afirmados al suelo, que al activarlos con fuego desde el extremo, generaban un cierto tipo de vaho nocivo, el cual nos era imposible cruzar.
Supongo que de ambos lados obtuvimos nada más y nada menos que lo merecido, pero lamentablemente es claro el hecho de que nosotros nos llevamos la mayor cantidad de bajas. Y no logro sacar de mi mente las miles y miles de imágenes sangrientas que he tenido la desgracia de presenciar. O el espantoso ruido de mis compatriotas morir en batalla, estrellándose contra el suelo durante vuelos heroicos en misiones masivas para obtener comida.
Pero incluso después de millones de años, sigo creyendo y apuesto mi vida en cada vuelo por nuestra causa, la cual creo muy justa. Porque después de todo, sólo exigimos lo indispensable para vivir: alimento. Ese dulce néctar rojizo que llevan consigo a todos lados es lo único que puede mantener con vida a nuestra especie. Supongo que para estos demonios gigantes es igual de importante que para nosotros, pues la atesoran dentro de sí mismos, lo que hace que la extracción demore bastante, ya que debemos aterrizar con cuidado y afirmarnos muy bien para luego comenzar con la penetración de la membrana detrás de la cual se encuentra nuestra salvación.
Pero si bien hemos perdido muchas batallas, puedo asegurar que ganaremos la guerra. Todos los años, nuestro equipo de procreadores desarrollan en colonias extranjeras mejoras significativas a nuestra anatomía. Es notable cómo cada vez somos más resistentes a los golpes de los malditos gigantes. Uno de los avances más recientes fue celebrado con la llegada de una fuerza de élite que vino desde el norte, capaz de intoxicar a los demonios gigantes, hacerlos sufrir para finalmente darles la muerte. Esta delegación regresa todos los años para cuando hace más calor y ha demostrado grandes resultados.
Pronto seremos más grandes, más resistentes y más inteligentes, y estaremos en condiciones de diezmar a su raza por completo. Entonces tendremos grandes establecimientos donde los mantendremos inconscientes, pero con la vida suficiente para que produzcan infinitamente nuestro néctar sagrado. ¡Larga vida a los voladores! tttsssssssmmmmmmmm

lunes, 12 de marzo de 2012

Sueño 1


Será la libido en pastillas o la leche en cartón.
Será que todos somos hijos de la televisión.
Yo sueño con ser millones de nosotros…
Nietos del tono más ancestral,
Bisnietos de algo más importante y menos efímero.
Quisiera que el tiempo pase como ha pasado siempre
Tan constante como tranquilo.

No sé si son las antenas de microondas celulares que nos atormentan.
No sé si realmente Mercurio interfiere con mi suerte.
Sé que suena rara la relación entre la Luna y las mareas.
Pero todos saben que está ahí, y que ha estado ahí por siempre.
Así es también esta sensación.
Tan sospechosa como comprobable.
Tendría que verla no ser así,
Entonces tal vez no sea tan irrefutable.

Las parábolas del tiempo y el espacio exterior
Me seducen, me prometen una salida
Cuando todo esto se pare, sé que no quiero estar acá.
Escuchándote explicar.
Porque no va importar quien tenía razón.
Y ya no escribiremos los cuentos que rimen
Y ya no venderemos las palabras caras
Las cosas se dirán y todos entenderán.

Será la libido en pastillas o la leche en cartón.
Será que todos somos hijos de la televisión.
Yo sueño con ser millones de nosotros…
Pero sé que sueño.


...

jueves, 1 de diciembre de 2011

Zeus, Morrissey, el Universo y todas las películas.

Bueno, el mundo no se detuvo realmente.
Fueron las partículas del tiempo dispersándose entre ellas, subdividiéndose hasta el infinito, lo que generó una suerte de truco bien logrado, de ilusionismo caro, para que el cerebro fantasee. Suerte que estamos hablando de un cerebro romántico. Romántico y cinéfilo, claro, lo que lo hace un poco menos pelotudo, creo.
Las mil y un secuencias fílmicas ralentizadas que éste cerebro había registrado alguna vez, se resumieron para dar sentido a una escena ya no solamente de amor, sino también de película.

Para ese momento, los detalles en cámara lenta competían como campeones por el premio al buen gusto. Las proporciones eran exquisitas, eran simples y sutiles. Eran la prueba terrenal de que, sea cual sea el creador de ese ser, de seguro tenía un máster en Harvard en diseño o ingeniería civil. [Ok, tenías razón, mamá: hasta Dios se rompió el culo en la universidad para llegar a donde llegó]
Y también era una figura colosal. Se le ocurrió que quizás ella era la última y única Amazona. Pero abandonó la idea cuando concluyó que si una de esas criaturas existiese, no estaría en el 159 cagándose de calor a las 2 de la tarde para llegar al correo central.
La cuestión es que este pibe había entrado en trance, en un coma, pero inducido, ojo. Porque apenas percibió el detenimiento de la línea temporal (y se dio cuenta de que la cámara lenta empezaba a dejar a todos con cara de boludos que salieron mal en una foto), hizo un paréntesis cósmico para cambiar el tema que estaba escuchando por "Let me kiss you" de Morrissey. Entonces ya no era tanta casualidad astral, no habían tantos planetas alineados en ese preciso instante como él quería creer. Pero no le importó, porque estaba disfrutando; mirando a esa chica con vestido de florcitas. ¡Cómo le gustaba ese vestido con miles y miles de diminutas rozas! Las hubiera contado todas, solamente por el placer de contemplarlas dándole forma al cuerpo que abrazaban.
Estaba a punto de comenzar con el proceso mental que genera que una persona mire a otra mediante la repetición de la palabra mágica "mirame", cuando la banda inglesa llegó a la parte más realista de la canción. Y se dio cuenta de que no había manera de que la nueva persona más linda del universo, pudiera llegar a notar la presencia tan insignificante de un simple mortal como era él. Se sintió desinflado bajo esta triste expectativa. Pero luego pensó que así estaba bien. Después de todo, quizás estaba frente a la descendencia directa de algún Dios, o a la hija no reconocida entre Zeus y Emma Stone. Nunca lo podría saber con certeza.
Entonces decidió darse por vencido frente a cualquier posibilidad de contacto con ella, cuando el perfil romano de esa perfectísima cara se convirtió en un plano de 3/4 y luego, en un hermoso plano detalle frontal de dos gigantescos ojos que lo miraban. Lo miraban a él. Seguro fue un milisegundo en el mundo real, pero ahí fueron algunos minutos. El cerebro, que solía darse aires de importante, se achicó al tamaño de una nuez y se escondió ruborizado detrás de los ojos para espiar. En cambio, el corazón, se agrandó. Se apoderó de todos los órganos alrededor, haciéndose paso a las trompadas. Y quizás fue por eso que el pibe no podía respirar muy bien y sentía un hormigueo en las extremidades. Claro que tal vez fue una mezcla entre que había salido apurado de la casa sin comer nada, el hecho de que la sensación térmica era de 39 grados y que sufría de baja presión. Pero nuestro héroe dejó de lado todo análisis médico y lo atribuyó todo, una vez más, al destino. Y obviamente, una vez más, se equivocó.
Si hubiera abandonado por un momento esa constante inclinación al romance, se hubiera dado cuenta de que había estado hiperventilando desde que bajaron de la autopista.
Demasiado tarde.
Cuando abrió esos ojos de tortuga que lo caracterizan, tenía casi encima suyo al señor robusto y extremadamente sudado que conducía el vehículo, apantallándolo con un diario de entrega gratuita conseguido en el peaje, con una dominada técnica de darle aire al fuego del asado.

El viaje había terminado y ella se había ido para siempre.

Solo quedaba gente no importante llegando tarde a sus trabajos o corriendo a la facultad.
No conocía su nombre. No conocía su apellido. Intentó recordar el apellido de Zeus, pero luego pensó que si era hija no reconocida, llevaría el apellido de soltera de su madre: ¿sería Stone?...estalló una carcajada interna pero se sintió un boludazo por estar sacando conjeturas cómicas en las situaciones menos apropiadas.
Finalmente, el chofer lo dejó incorporarse y descendió de aquella lata con ruedas que encerraba tanta temperatura. El aire lo animó un poco. Pero rápidamente sintió la desazón al considerarse una más de esas personas no importantes llegando tarde al trabajo. Una equis caminante, perdido en el hormiguero pateado que es la cuidad.

Solo quedaba esperar al otro día o al siguiente, o al que fuera necesario, para que esa lata con ruedas, Morrissey, Dios, los planetas, Zeus, y todas las películas, tuvieran la destreza astral de licuarse y situar a esa semidiosa en frente de aquel mortal.




Autor: Federico D'Alvia


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martes, 15 de noviembre de 2011

Original Untitled

De amantes y extraños;
ahorran en ternura,
testean texturas,
y miden tamaños.
Luego compiten
por ser los primeros,
para ver cuál transmite
algo más que estos versos.
Al final se lucen
por amor verdadero,
se derrocha el ahorro
pero no alcanzan. Los besos.


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To lovers and strangers;
they save on sweetness,
test textures,
and meassure sizes.
Then they compete
to be the first.
To see which one transmits
something more than this.
In the end they stand out
when true love is found,
sweetness savings are wasted
Yet they are not enough.(the kisses)


Autor: Federico D'Alvia


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